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¿En qué momento una madre deja de ser madre? No deja: lo que cambia es la preocupación, no el tamaño.
Y hay noches en que no se puede hacer nada más. Está lejos, no contesta, tomó un camino que uno no habría elegido. En esas noches queda esto: pedir por él.
Aquí está la oración completa, y también qué hacer con ella los días en que parece que no sirve de nada.
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La oración
Señor, tú me los prestaste. No son míos, son tuyos, y hoy te los devuelvo en oración porque ya no alcanzo a cuidarlos con mis manos.
Cuida sus pasos donde yo no puedo llegar. Cuida su cabeza cuando la duda le gane, su corazón cuando lo lastimen, su cuerpo en el camino de ida y de vuelta.
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Pon a su lado gente buena. Aleja de ellos a quien los quiera para mal. Y si tienen que caer para aprender, que caigan cerca de ti y que se levanten pronto.
Dales trabajo digno, pan en la mesa y paz para dormir. Y a mí dame la paciencia de esperar tu tiempo, que no es el mío, y la fe de no dejar de pedir aunque tarde la respuesta. Amén.
Cuándo rezarla
De noche, antes de dormir. Es la hora en que la preocupación aprieta más, y es también la hora en que el hijo está fuera del alcance de una llamada.
Con el nombre dicho en voz alta. No ‘mis hijos’: el nombre de cada uno, uno por uno. Cambia la oración por completo — se vuelve una conversación en vez de una fórmula.
Y si son varios y la noche está corta, uno cada día de la semana. Vale más pedir por uno con el corazón entero que por todos de prisa.
Cuando parece que no sirve de nada
Casi toda madre que reza por un hijo pasa por un tramo en que nada cambia. El hijo sigue igual, o peor. Y aparece la pregunta: ¿para qué sigo pidiendo?
Santa Mónica rezó dieciocho años por su hijo Agustín. Dieciocho. Él bebía, vivía de fiesta en fiesta y se burlaba de la fe de su madre. Terminó siendo uno de los santos más grandes de la Iglesia — y él mismo escribió después que se convirtió por las lágrimas de ella.
Eso no es una promesa de que pasará lo mismo. Es un recordatorio de que el reloj de una oración no es el nuestro.
Mientras tanto, hay algo concreto que sí ayuda: rezar por él a la misma hora todos los días. La constancia sostiene a quien reza, aunque el resultado tarde.
Este contenido es de acompañamiento espiritual y no sustituye atención médica, psicológica ni profesional. No nos responsabilizamos por decisiones tomadas a partir de estas páginas.
